Francisco, un restaurador con más de 20 años de experiencia, había alquilado un local de 650 m² en el centro de Barcelona para su restaurante. Después de años de éxito, se le presentó una oportunidad inesperada: comprar el local que era la base de su negocio.
El local salió a la venta tras el fallecimiento de su propietario original. Los herederos decidieron venderlo, pero su elevado precio de 5.000 €/m² en una zona alta de Barcelona lo hacía inalcanzable, sumando un total de 3.250.000 €. Cambiar de ubicación no era una opción para Francisco, ya que el local había acumulado clientes fieles. Sin embargo, los bancos rechazaron su solicitud de financiación por considerarla de alto riesgo.
Los bancos, habituados a financiar capital circulante o proyectos empresariales distintos, descartaron esta operación.
"Creí que mi sueño se desvanecería y el negocio familiar había llegado a su final. Pero por suerte, encontré una solución que me permitió asegurar el futuro de mi negocio," comenta Francisco.
- Francisco, dueño de restaurante
Francisco acudió a un asesor financiero de confianza. Este equipo especializado analizó su situación, considerando flujos de caja, solvencia y propiedades disponibles como garantías. Con esta información, lograron presentar una propuesta atractiva a los bancos, obteniendo la financiación necesaria.
Se necesitó un aporte inicial del 30% (975.000 €), respaldado por otras propiedades. Francisco utilizó una segunda residencia en Cadaqués (Gerona) como garantía para un préstamo hipotecario con un interés reducido del 2,2% anual.
El resto del monto, 2.275.000 €, fue financiado con una hipoteca a 15 años, con un interés fijo del 3% durante los primeros 10 años. Cabe destacar que estas hipotecas empresariales suelen tener plazos más cortos que las destinadas a viviendas.
Francisco pasó de pagar 32.500 € de alquiler a una cuota hipotecaria de 15.710,73 €. En 15 años, el local será completamente suyo.